Las antiguas civilizaciones mesoamericanas tenían una
visualización del mundo que les rodea ajena a los pueblos proto-cristianos, la
filosofía y la ciencia iban de la mano, grandes pensadores del mundo
precolombino influían en la cotidianeidad de los ciudadanos prehispánicos, la
observación del universo y los ciclos rotatorios del planeta eran medidos y
asimilados para la agricultura, la fertilidad de la mujer y las fiestas más
importantes a lo largo de un año. A la llegada de los españoles comienza una
etapa de cambios sociales y filosóficos en la vida de un indígena, la
cristianización de los pueblos indígenas fue un proceso duro y prolongado para
a la aceptación de la fe de colonizadores; la doctora Norma Blazquez nos dice
que la sabiduría de los indígenas fue entendida por la Iglesia Católica de Roma
como actos de satanísmo y brujería, muchas de las víctimas del santo oficio en
su mayoría eran mujeres, no se toleraba el conocimiento de las plantas y sus
efectos en el cuerpo humano, la invocación de espíritus y todo tipo de ritual
hacia la naturaleza o a los fenómenos naturales. La representación de
Quetzalcoatl fue asociada al imagen del Diablo y la serpiente que relata el
libro del génesis y por ende, el culto a este dios mesoamericano fue penalizado,
así también la adoración y culto a otro tipo de deidades ajenas al Dios Yahvé.
En ciertas regiones, la profesión de un credo diferente del
católico es vista como una amenaza para la unidad comunitaria. Se argumenta que
la religión católica forma parte de la identidad étnica, y que los protestantes
no están dispuestos a participar de los usos y costumbres tradicionales (el
tequio o trabajo comunitario, la participación en las fiestas patronales y
cuestiones similares). La negativa de los protestantes se debe a que sus
creencias religiosas no les permiten participar en el culto a las imágenes. En
los casos extremos, la tensión entre católicos y protestantes ha dado lugar a
la expulsión de los protestantes en varios pueblos. Los casos más conocidos son
los de San Juan Chamula en Chiapas, y San Nicolás, en Ixmiquilpan Hidalgo.

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