La multiculturalidad implica la coexistencia de diversas
culturas en un determinado territorio y puede entenderse como el reconocimiento
del otro como distinto, pero no necesariamente implica el establecimiento de
relaciones igualitarias entre los grupos. La historia muestra cómo se ha
exigido a los otros desaparecer en tanto grupo cultural, ya sea por medio del
etnocidio directo como por medio de modalidades menos violentas, aunque con el
mismo objetivo; al respecto, destacan la asimilación y la integración como
políticas adoptadas por los Estados nacionales frente a sus pueblos
originarios.
Interculturalidad se entiende como un proyecto social amplio,
una postura filosófica y un funcionamiento cotidiano ante la vida; constituye
una alternativa que induce a replantear y reorganizar el orden social, porque
insiste en la comunicación justa entre las culturas como figuras del mundo y
recalca la importancia de dejar libres espacios y tiempos para que dichas
figuras puedan convertirse en mundos reales. Por ende, la interculturalidad
reconoce al otro como diferente. No lo borra ni lo aparta sino que busca
comprenderlo, dialogar con él y respetarlo. La existencia de una sociedad
intercultural lleva a considerar marcos de convivencia que permitan la
comunicación entre individuos y grupos sociales culturalmente diferentes. Sin
duda los derechos humanos son el asidero más cercano a estos marcos inacabados,
entendidos como una construcción histórico-cultural, al reconocer su
instrumentalización imperialista por parte de gobiernos y Estados occidentales,
pero potenciando su dimensión ética, en tanto memoria de lucha por los derechos
del hombre.

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